Al fin eran vacaciones… deb√≠ decirlo con m√°s entusiasmo, pero mucha alegr√≠a no le pude encontrar.
Corr√≠an los ochenta y con mi familia √≠bamos siempre a la misma playa que quedaba en un pueblo peque√Īo donde no hab√≠a mucho para hacer. El juego m√°s moderno era un viejo carrusel como de los a√Īos 50, con unos r√ļsticos caballitos de madera, con esa boca abierta, mostrando los dientes. Ni siquiera recuerdo si sonre√≠an. Detestaba escuchar esa calesita rechinar dando vueltas. Y su due√Īo, un tipo con una gorra de lana que siempre me dio miedo y s√© que a todos los ni√Īos que iban tambi√©n. Con una mirada enojada, como enfadado con los chicos que se sub√≠an a sus ornamentos. Parec√≠a que siempre estaba a punto de decir algo, pero nunca dec√≠a nada. Solo rechinaba sus dientes y nos contemplaba con esa mirada de pu√Īal.

¬°Por Dios!, ya estaba en 1¬į a√Īo de la secundaria y segu√≠amos yendo al mismo sitio. Este pueblo quedado en el tiempo tal fotograf√≠a antigua en un marco quebrajado. Con se√Īal horrible para ver la TV, apenas dos canales de aire, se hac√≠a un castigo infernal ver algo.

Salimos de noche rumbo a la playa. A mi padre siempre le gust√≥ salir a esa hora. El viaje duraba unos dos pares de hora y, por ende, lleg√°bamos aun de noche. ¬ŅSe imaginan, medio dormidos, tratando de buscar sabanas con olor a humedad, fr√≠as, para poder dormir un poco m√°s? Todo un castigo.

Con las pilas medias gastadas en mi walkman, solo iba a poder escuchar un par de temas de mi cassette, pero suficiente para que me acune y poder rendirme al sue√Īo nocturno.

Creo que despert√© en la entrada al Pueblo, un bache o el cambio del asfalto a la arena fue el est√≠mulo atrevido. Con la vista borrosa trataba de situarme en tiempo y espacio, aun acurrucado entre mi abrigo, paso mi mano por el vidrio empa√Īado de la ventanilla, solo ve√≠a frio y llovizna y alguna luz tenue en una esquina.

Pasamos por la plaza donde estaba ese viejo carrusel que quedaba a 2 calles de nuestro destino… Todav√≠a estaba ah√≠. Como parte del paisaje t√©trico de la noche. Viejo y gastado por los a√Īos.

A√ļn ten√≠a sue√Īo. Casi cuando estaba por cerrar los ojos logre verlo‚Ķ una figura borrosa en la noche‚Ķ Era ese extra√Īo hombre con gorro de lana, junto al carrusel, parado inm√≥vil bajo la lluvia, parec√≠a mirarme, con la misma mirada pu√Īal que ten√≠a cuando yo era peque√Īo. Me pareci√≥ extra√Īo‚Ķ pero, este tipo siempre lo fue para m√≠. As√≠ que lo olvide.

Llegamos a la puerta de la casa. La cuadra estaba oscura, y la vivienda parecía no tener luz. Mi padre baja primero para abrir el portón e ingresar el auto. Abrió la puerta rápidamente ya que aun la llovizna era densa y molesta.

Veo que se dirige hacia el interruptor y yo esperando, tal un cuento corto de terror, que las luces no prendieran… a los poco segundos, las luces… encienden… ¡uf!, eso me dio alivio. Al parecer no había luces en las otras casas ya que, al ser en su mayoría viviendas de alquiler, nadie aun las habitaba.

Busco mi mochila en el auto, aun somnoliento, con la intenci√≥n de poder dirigirme r√°pido al cuarto y poder dormir unas horas m√°s. Voy hacia la parte de atr√°s del auto para recogerla, pero un ruido en la calle llama mi atenci√≥n‚Ķ son√≥ como un corretear entre la arena‚Ķ Clav√© mi mirada hacia donde escuch√© ese ruido, fije la vista entre la noche oscura y la densa llovizna, pero no logr√© ver nada. Definitivamente eso iba a arruinar mi sue√Īo.

Rápidamente mi mente esbozó su primera hipótesis para explicar lo que fue… lo primero que se le ocurre fue unos perros de la calle. No me sonó muy convincente, pero me sirvió para pensar en algo lógico y calmarme. Tome mi mochila y como un rayo entre a la casa.

Las habitaciones que estaban en la planta alta olían a humedad y a madera vieja. Y las luces casi no alumbraban. Un desastre que no tenía ganas de analizar. Solo quería dormir.

Ya todos estaban acostados y yo aun daba vueltas en mi colch√≥n como de plomo y con una almohada hecha de piedras. Definitivamente mi sue√Īo estaba arruinado. Me dirig√≠ al ba√Īo intentando no abrir muchos mis ojos para no despabilarme a√ļn m√°s. El ba√Īo estaba en la parte de abajo, junto a la peque√Īa cocina y el ventanal que no daba a la playa, sino a una peque√Īa duna. El ba√Īo estaba frio. Su peque√Īa ventana semi abierta dejaba entrar viento y un poco de agua. Me acerque para cerrarla y en ese momento lo escucho de nuevo. Ese extra√Īo corretear en la arena. Pero esta vez fue atr√°s de la casa. mi pecho quedo apretado y mi mente una vez m√°s intentaba esbozar una explicaci√≥n del extra√Īo ruido. Fui r√°pido al interruptor de luz de la cocina, esta se prende solo por un instante y se apaga, pero deja ver a trav√©s del ventanal, entre cortinas, una silueta, como de pie, no logr√© verla bien pero no parec√≠a humana. Esta vez, mi coraz√≥n se coloc√≥ en mi garganta y no me dejo hablar, aunque escucho mi grito que aturde mi cerebro. Solo mi instinto supo dominarme y me dice que corra. Retrocedo de espaldas y mis piernas in√ļtiles me hacen tropezar con una silla. Ca√≠ boca abajo. escucho como estallan los vidrios del ventanal en mis espalda. intento ponerme de pie, pero antes, giro para enfrentar temeroso lo que hab√≠a visto, aun con ilusi√≥n de encontrar una explicaci√≥n l√≥gica a lo que pasaba, pero lo que vi me dejo aterrado desde lo m√°s profundo y paraliz√≥ mi alma.

Parec√≠an dos viejas formas, muy altas, como con patas alargadas pero deformadas, sus cuerpos parec√≠an moteados como con una pintura arcaica y descascarada, tales aberraciones salidos de la peor pesadilla, con sus quijadas semi abiertas mostrando sus enormes dientes. se me acercaron lentamente. reconoc√≠ el ruido de sus pisadas, eran las mismos que escuch√© en la calle, pero esta vez m√°s lento. Sus ojos, dos enormes esferas blancas con un punto negro en su centro, se fijaron en m√≠, pero como perdidos, dibujando en la comisura de sus deformes labios una leve sonrisa de inocente maldad. Reci√©n ah√≠ pude ver a que me recordaban‚Ķ si, los conoc√≠a, pero no hab√≠a forma de que fuera eso. Por los menos mi mente no lo aceptaba. Ser√≠a como entregarme a la locura. Esperaba ver a ese viejo due√Īo del carrusel con su gorro de lana junto a estas aberraciones irracionales‚Ķ pero no fue as√≠…

Eso fue lo √ļltimo que recuerdo hasta que despert√© aqu√≠. O por lo menos parte de m√≠. Solo se que soy una figura vieja y desvencijada, inerte y retorcido entre madera y hierro oxidado.

Ahora me doy cuenta de que la mirada de ese viejo no era de enfado, sino que era de advertencia. Una advertencia de una maldad que escondía ese viejo carrusel y de esas figuras horrorosamente desquiciadas, que esperaban verano tras verano el alma de un ser que los temiera, hambrientos de estos, que les dieran fuerza para soportar otro verano en el viejo pueblo de la playa.

FIN

By: Omar el morador

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